
Ayer, por primera vez desde que tenga memoria, mi hija de 11 años se quejó acerca del tiempo que paso en la computadora. Mi esposo tampoco se escapó del criticismo. Ambos trabajamos desde casa, por lo que usualmente estamos enfrente de nuestras computadoras cuando regresa a casa de la escuela, todavía en ellas cuando termina su tarea, y a menudo otra vez enfrente de ellas cuando se va a dormir.
Ahora bien, quizá su nueva preocupación por el tiempo de pantalla de sus padres se deba al hecho de que ella ha renunciado a todos los aparatos con pantallas para la Cuaresma (con excepción de trabajos de la escuela y el episodio ocasional de American Idol), pero aún así me impactó. Somos algo estrictos cuando limitamos su propio tiempo de pantalla pero, como muchas otras restricciones que le imponemos, las mismas reglas nunca parecen aplicarse hacia nosotros.
Parte del problema es el trabajar desde casa. Si fuera a una oficina todos los días, aún estaría enfrente de una pantalla pero ella no estaría ahí para verlo. En ese caso, cualquier tiempo de pantalla en casa estaría muy bien balanceado con los tiempos para comer, los juegos, y llevándola a dormir.
El otro problema es el trabajo. Es difícil ser The Online Mom sin estar en línea. Y no solamente es mi trabajo. Un enorme porcentaje de la fuerza laboral en EE.UU. ahora se gana la vida viendo a una pantalla todo el día. Ya sea que seas un corredor de bolsa millonario o un internista en una compañía editorial, tu día comienza y termina con la pantalla de una computadora.
Pero hay una parte mía que no puede dejar de sentirse culpable. Como padres, odiamos decretar uno de esos comandos "haz lo que yo digo, no lo que yo hago" a nuestros hijos. Cualquiera que sean las palabras que salen de nuestras bocas, aprenden de nosotros a través del ejemplo. Si revisamos el correo electrónico durante las horas de comida, entonces está bien que ellos tomen el DS. Si hablamos por teléfono mientras manejamos, entonces también estará bien que ellos lo hagan.
Sé que la tecnología eventualmente dominará a sus vidas, de la misma manera en la que domina a las nuestras. Pero con un poco de suerte esos días todavía estarán lejos. A pesar de nuestros esfuerzos por rodearlos con iPods, teléfonos inteligentes, videojuegos y laptops, la mayoría de los chicos aún pueden adivinar cuándo es suficiente.
Por lo que la próxima vez que mi hija me diga que paso demasiado tiempo con pantallas, la voy a escuchar. No habrá pantallas cuando regrese a casa de la escuela, no habrá pantallas cuando termine su tarea, y definitivamente no habrá pantallas durante las horas de comida. En este caso, ella está poniendo el ejemplo, y yo estaré más que feliz de seguirlo.


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