
No sé tú, pero yo me estoy fastidiando un poco de leer acerca de individuos o familias que deciden "desconectarse" de la tecnología. Ciertamente, no es una nueva idea, pero cada vez que un cuento nuevo emerge acerca de un auto exilio de la tecnología, los reporteros y otros comentaristas lo reciben con verdadero sombro, como si el vivir unos pocos meses sin un iPhone fuera igual al estar atrapado en una mina Chilena colapsada.
La última oferta es de Susan Maushart, una madre soltera de tres niños que vive en Perth, Australia. Su libro, titulado The Winter of Our Disconnect, describe cómo ella pensó que su familia estaba tan obsesionada con la tecnología que se habían olvidado de cómo comunicarse. Fue entonces que tomó la decisión tan poco popular (por lo menos entre sus hijos) de cortar el cordón de la tecnología.
Salieron entonces los teléfonos inteligentes, las computadoras, los videojuegos, los iPods y las televisiones, y entraron al mundo olvidado de pláticas, risas, e inclusive "de verse unos a otros a los ojos."
Desde luego que hay un límite en cuanto a qué tanta tecnología estaban preparados para desechar. Todavía existían el teléfono de la casa y el auto familiar (el libro no dice si podían usar la radio mientras estaban en el auto), y estoy seguro de que todos los aparatos electrodomésticos, tales como el refrigerador, la lavadora de ropa, y el aire acondicionado, seguían funcionando como de costumbre.
Pero un momento, te oigo decir, esa tecnología está bien. ¡Son los medios digitales los que son el problema – todos esos mensajes de texto, la navegación en Web, y el tiempo invertido en Facebook!
Pero ese es el punto – cuando se trata de la tecnología, ¿en dónde marcas el límite? ¿Son los mensajes de texto entre los adolescentes intrínsecamente peores que las llamadas de dos horas que solíamos tener con nuestros amigos cuando éramos niños? ¿En verdad es peor jugar un videojuego de Professor Layton que el jugar Monopoly o Clue? ¿Realmente es menos loable el usar un Kindle que el leer un libro de pasta dura? (Si la respuesta es sí, ¿no deberíamos todos de estar leyendo desde tabletas de piedra?)
No es la tecnología, sino cómo la usas. Si la Srita. Maushart y su familia tuvieron que cortar de tajo para eliminar algunos de sus peores hábitos digitales, entonces quizá deberíamos de sentir pena por ellos en lugar de elogiar su "logro". Afortunadamente, la mayoría de las familias no tiene ese problema. Usan a la tecnología como fue diseñada para usarse, reconociendo que estamos ahora en la Era de la Información, no en la Era de Piedra.
Todos estos cuentos de redescubrimiento, de familias que encuentran gozo real a través de libros y de juegos de mesa, tienen una cosa en común: todos terminaron con la familia desistiendo por completo del experimento y regresando a la tecnología que previamente habían denunciado.
Mientras que los autores de estas historias invariablemente aseguran que el auto exilio fue un éxito rotundo y que "cambió a sus vidas para siempre", sospecho que hubo algo más que un suspiro de alivio cuando el televisor volvió a la vida y el iPhone empezó a vibrar otra vez. Solamente hay algo peor que una vida llena de medios digitales - ¡y eso es una vida sin ellos!
¿Se podría desconectar tu familia de los medios digitales durante seis meses? ¿Tú lo desearías? ¡Comparte tus pensamientos con Tecnopadres!


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