Un reportero japonés (foto) que estaba secuestrado en Afganistán pudo dar señales de vida vía Twitter al aprovechar que uno de los secuestradores le pidió que le ayudara a utilizar su celular. Otro, el periodista estadunidense Tommy Cristopher narró como experimentaba un infarto mediante la misma vía.Kosuke Tsuneoka, periodista japonés que estuvo secuestrado durante cinco meses en Afganistán comentó que días antes de ser dejado en libertad, uno de los milicianos le trajo su nuevo teléfono celular y le pidió que lo preparase.
Los milicianos estaban interesados en ver Al-Yasira en el teléfono, pero Tsuneoka consiguió desviar su atención a Twitter, logrando que le preguntaran cómo funcionaba.
"Así es como pude enviar el mensaje'', dijo Tsuneoka en una conferencia de prensa en Tokio. "Estoy seguro de que no pensaron que les estaba engañando".
Durante su cautiverio de cinco meses en la provincia norteña de Kunduz y Takhar, el periodista independiente pensó que no escaparía con vida.
"Estaba seguro de que me iban a matar". Su temor llegó al máximo en junio, cuando los secuestradores enviaron un ultimátum al gobierno japonés, amenazando con matarlo si sus demandas no eran cumplidas en 72 horas.
Cuando el tiempo pasó y no hubo indicio de que fueran a ejecutarlo, Tsuneoka comenzó a pensar que podría sobrevivir y conseguir su libertad en algún momento. Días después de ese mensaje fue liberado por sus captores.
'Twitteando' su infarto
La otra historia 'twitera' es también de un periodista, Tommy Cristopher, narrando como sufría un ataque al corazón. Al principio pocos le creyeron, pero con el avanzar de los minutos los detalles enviados por el reportero daban credibilidad al evento.
"En este momento estoy sufriendo un infarto", informaba mientras esperaba la llegada de una ambulancia y los paramédicos para que lo estabilizaran, pero los menajes no cesaban, en pleno trayecto al hospital Cristopher escribía: "Dicen los paramédicos que sobreviviré".
El reportero de un portal de Internet y cuya fuente es la Casa Blanca dijo ya en el hospital que le habían inyectado morfina; así continuaron los mensajes hasta que una enfermera le quitó el teléfono desde donde transmitía los 'twitters'.
Luego de un silencio de varias horas, al día siguiente Cristopher informaba que estaba bien y que la siguiente semana tendría que ser operado nuevamente.
>>> ¿Será que este amante del Twitter podrá informar desde el quirófano del hospital? Estaremos atentos a sus futuros mensajes.

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