
Los reportajes recientes en el New York Times y en otras fuentes sugieren que estamos necesitando una nueva definición de lo que constituye una computadora. Este debate no está sucediendo en las revistas tecnológicas o en los departamentos de investigación y desarrollo de los fabricantes principales. En lugar de ello, está debatiéndose en las cafeterías del país.
Mientras que algunas franquicias muy conocidas como Starbucks por lo general se han esforzado por acomodar a personas con laptops, otros se han ido en una dirección diferente, prohibiendo el uso de las computadoras totalmente, o por lo menos durante las horas más concurridas del día.
El problema, como todos lo sabemos, es una escasez de mesas. No hay nada más frustrante para los clientes – o para el dueño de la cafetería – que el ver que una persona sola utilice un espacio diseñado para mucha gente, que tiene demanda, durante horas, solamente por el precio de un pequeño café latte.
Pero ahora tenemos que considerar otros aparatos que no son computadoras normales, pero siguen teniendo el mismo impacto; aparatos que promueven que los clientes se sienten, los prendan, y se establezcan ahí durante un largo rato.
El primero de ellos es el iPad. Por lo general, no es considerado como una laptop, aunque algunos podrían argumentar que su clasificación como una "tableta" lo pone firmemente en esa categoría. Aunque no es ideal para trabajar en los historiales de trabajo o en hojas de cálculo, puedes mandar y recibir correos electrónicos, navegar en Web, jugar juegos y ver videos hasta que empiecen a aspirar alrededor de ti. ¿Debería de incluirse al iPad dentro de la prohibición en las cafeterías? Probablemente.
Pero, ¿y qué hay de los lectores electrónicos? ¿Puedes pedir un café espresso y sentarte por una hora o dos con tu Kindle? No si eres Nick Bilton del New York Times. Él intentó hacer eso en una tienda de sándwiches en Brooklyn y le avisaron que el Kindle era considerado un "aparato" y que, por lo tanto, estaba prohibido bajo las reglas de las computadoras.
Pero, ¡esperen un minuto! ¿Qué hubiera sucedido si hubiera sacado un libro impreso en lugar del Kindle? Aparentemente, eso hubiera estado bien. ¡Es claro que los libros electrónicos tienen todavía un trecho por recorrer antes de que sean considerados material de lectura apropiado en las mentes de los dueños de las cafeterías de este país!
Pero la discusión no termina con los lectores electrónicos. Ahora, puedes navegar la Web, leer un libro, e inclusive ver una película en un teléfono inteligente. ¿Debemos de anticipar que las cafeterías y los bares de sándwiches sean patrullados por las policías de los teléfonos inteligentes, listos para desalojarte de esos lugares en el momento en el que sacas tu iPhone?
Obviamente, este debate está lejos de haberse acabado. Será muy interesante el ver en dónde termina este asunto.
¿Deberían de prohibir a los lectores electrónicos y a los teléfonos inteligentes de las cafeterías y de los restaurantes? ¡Comparte tus pensamientos con Tecnopadres!


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