Hace no mucho tiempo, el trabajo de investigación de mercados para un producto o un servicio significaba por lo general un ejercicio de muchas semanas de investigación en librerías públicas y privadas, de un sinfín de llamadas con muchos contactos de la industria relacionada, y de algún tiempo más compilando y creando un formato digno para la presentación final de los resultados. Estos trabajos de investigación por lo general eran muy costosos, básicamente porque requerían de muchas horas de trabajo de compilación, de verificación y de ordenamiento de la información recabada.Hoy en día, la investigación se conduce en una fracción del tiempo que requería anteriormente. No solamente es posible buscar a la información deseada en Internet; ahora es posible obtenerla de miles de fuentes, corroborarlas en sitios de Web académicos, científicos y mercadológicos, y llegar a conclusiones más precisas y rápidas.
Pero eso no es todo: la investigación ahora se puede hacer con un aparato de mano, con total movilidad y con mayor poder computacional que los aparatos de escritorio tenían hace 10 años. Para alguien que creció utilizando al télex como instrumento de comunicación inmediata (por ejemplo, para avisarles a los familiares de personas que vivían en la Ciudad de México que sus parientes estaban bien después del terremoto de 1985) y que vio su primer aparato de fax en 1988 (y que pensó que era una maravilla tecnológica que pondría a los servicios de mensajería en aprietos), el poder de mi teléfono Droid y su capacidad de rescatar datos mientras me traslado de un lugar a otro siguen siendo una fuente de asombro constante.
Y no entiendo porqué la gente batalla tanto con teléfonos que hacen lo mismo pero con redes que nos son tan confiables. Personalmente, nunca he tenido problemas con la red de Verizon y cada vez que utilizo a las máquinas de búsqueda (yo nunca me he limitado a usar Google solamente) encuentro lo que busco, y hasta puedo almacenar la información en mi teléfono para usarla después.
Lo único malo de esta revolución digital es que me está volviendo un poco menos sensible a la maravilla que traigo en el bolsillo: si pensara mucho tiempo en lo increíble que es el traer una computadora de mano en mi pantalón, no podría concentrarme en redactar mis trabajos de investigación. El último que me fue encomendado es sin duda el mejor que he escrito en toda mi vida profesional. Y me llevó solamente tres semanas el completarlo. ¿Qué hay de malo en eso? Que no se cobra lo mismo que antes por una investigación de estas: las horas de trabajo requeridas se han reducido en dos terceras partes. El volumen de trabajo tendrá que ser el que compense la reducción de ingresos, comparados con los que producía en los noventas.
No me quejo – prefiero proyectar un valor por inversión mayor para mis clientes. Mi teléfono es mi herramienta para el éxito. Solamente me tengo que acordar de respaldar mi información: lo único que puede reducir mi ascenso a la cima es el tener que hacer el mismo trabajo dos veces.


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