Para la mayoría de los chicos, la temporada de regreso a clases es enfrentada con una mezcla de pesar y anticipación; pesar porque los tranquilos días del verano ya casi han terminado y anticipación de conocer a nuevos compañeros de clase y a la nueva maestra.
Tristemente, para otros, es un tiempo de gran ansiedad, preguntándose si los comentarios hirientes y la intimidación del semestre anterior seguirán en el nuevo año escolar.
El otro día, una madre de una niña que regresaba para cursar otro año en la escuela media local, me lo recordó. Justo antes de que terminara la escuela, su hija había visto algunos mensajes electrónicos de las chicas "populares" de la escuela en los que se incluían comentarios denigrantes acerca de su físico y su manera de vestirse.
En ese momento, ni la madre ni la hija se molestaron en reportarlo, pensando que el año escolar ya casi había terminado. No se habían encontrado a las chicas durante las vacaciones del verano y habían pasado muy poco tiempo ante la computadora. Ahora que la escuela estaba empezando otra vez, tenían miedo de que el chisme cibernético se reanudara.
El consejo que le di a la madre fue que mantuviera ojos y oídos atentos y que tomara cartas en el asunto al primer indicio de problemas. Ya sea que se trate de intimidación cibernética o simplemente de intimidación regular, estas actitudes y estos hábitos no desaparecen por sí solos. Requieren de intervención (y una intervención rápida) antes de que las cosas se salgan de control.
Afortunadamente, cada vez veo un mayor número de escuelas que introducen programas de prevención de intimidación, estableciendo un conjunto estricto de reglas que se espera que cumplan todos los estudiantes y hasta estableciendo grupos de discusión entre compañeros, de tal manera que los chicos puedan entender mejor el sufrimiento que puede causar la intimidación. Sin embargo, estos programas están lejos de ser universales y a menudo dependen de los directores y maestros individuales que los hacen que se cumplan.
En ausencia de iniciativas escolares formales y aún cuando existan programas que se pongan en práctica, recae sobre los padres la responsabilidad de interesarse y asegurarse de que cualquier forma de intimidación sea tomada en cuenta tan pronto como sea posible.
Entonces, ¿que pueden hacer los preocupados padres? Primero, debemos educarnos a nosotros mismos para comprender cómo opera la intimidación cibernética. Necesitamos saber cuáles redes sociales son populares y qué es lo que nuestros hijos hacen, tanto en línea como fuera de ella que podría hacerlos vulnerables. Quienes intimidan producen dolor al colocar comentarios insultantes o distribuir fotos humillantes. Ten consciencia de los artículos que se usan y utiliza la tecnología para bloquear siempre que sea posible. Si los que ofenden saben que los blancos de sus ataques no están viendo su labor, no sentirán ninguna satisfacción en continuar.
Segundo, ayuda a tu hijo a desarrollar talentos para combatir la intimidación. Aunque los padres pueden hacer algunas cosas para proteger a sus hijos, la mayor parte del tiempo ellos tendrán que enfrentar la amenaza por sí mismos.
• Ayúdala a desarrollar amistades alternas, tanto dentro como fuera de la escuela. Mientras mayor diversidad haya entre sus amistades, menos preocupada estará acerca de un grupo en especial.
• Ayúdala a ensayar una respuesta verbal fuerte pero tranquila a quienes la ofenden si alguna vez es enfrentada cara a cara: "Ese tipo de cosas no me molesta" o "¿no tienes nada mejor que hacer?" son respuestas que no son agresivas y que muestran que las tácticas de intimidación no están surtiendo el efecto deseado.
• Enseña a tu hija a usar de manera responsable el Internet, evitando sitios que permiten la colocación de textos anónimos y asegurándote de que ella no responda de la misma manera.
• Involucra a la escuela. Actualmente, la mayoría de los educadores son lo suficientemente sensatos para evitar organizar reuniones cara a cara que solamente empeorarían las cosas.
• No titubees en llamar a las autoridades legales si alguna comunicación se vuelve amenazante. Además, es una buena idea guardar copias de todos los mensajes electrónicos, IMs, o fotos como evidencia.
Y, una última cosa: si tu hija nunca ha sufrido de intimidación, tómate un momento para considerar si ella es la que está intimidando. Un comportamiento responsable en Internet es obligación de todos los niños, sin importar que tan populares sean. ¡No esperes esa llamada telefónica que te avergüence!
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